sábado, 29 de octubre de 2011

El precio del valor

Sentado en la mesa de una solitaria taberna, el supuesto hombre seguía oculto en las sombras, solo la mesera y un par de conocidos de ella habitaban la estancia.
Con un golpe sordo, dió el primer paso en la taberna, un hombre oscuro que irradiaba maldad en todas direcciones.

Nada bueno traía con el, estos tipos siempre terminan trayendo desgracias, la mesera no perdió la compostura y le ofreció una pinta de cerveza, que el oscuro ser acepto asintiendo levemente.

Por un instante los ojos del otro, ese o esa que estaba en las sombras se vieron, blancos, brillantes, como analizaba al oscuro hombre que perseguía la maldad. Cerró los ojos o bajo la mirada, no lo se, y volvió a camuflarse con las sombras.

Finalmente, tras apurar la pinta, como si hubiera encontrado el valor suficiente se acerco a la camarera y sacó un puñal:
-          Dame el dinero puta, o será esta la ultima bebida que sirvas.

La mujer le dio el dinero de mala gana, aunque era obvio que no le había dado todo el dinero, el hombre pareció contento con el botín.

Una sonrisa muy amplia y blanca, con sus ojos también blancos se levantaron de las sombras y el ladrón dejo escapar un grito. No se había percatado  de la presencia del ser en las sombras, y, asustado lanzo una puñalada contra el ser sin rostro, el hombre retrocedió ágilmente y esto aun asusto mas al indeseable, desenvainando la espada. Pareció tranquilizarse cuando al quitarse la capucha su ágil amigo no era otro que una muchacha, que seguía sonriendo, antes de que pudiera reaccionar, la  joven como si de una gata silenciosa se tratara avanzó y golpeo el cuello del hombre con su puño, pareció mas una estocada que un golpe, el cuello del pésimo ladrón crujió, no hubo por parte del hombre mención de levantar sus armas, solo cayó de rodillas con los ojos fuera de sus cuencas y murió.

La muchacha seguía sonriendo, pero ya no de manera tan exagerada, dejo dos monedas en la barra, se dio media vuelta, se coloco la capucha y se marchó.

La camarero recogió las monedas y entendió que había pagado su copa y la del ladrón, y todo el mundo sabía que solo había una clase de gente que haría algo así, los magos del concilio de guardianes…

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