miércoles, 27 de febrero de 2013

A la espera




Esperaba oculta en la maleza, esperando que los ladrones se presentaran. Ya estaba harta. Llevaba 3 días esperando y no le gustaba estar sentada en el mismo sitio sin moverse. Ella era más de culo inquieto, de ir de aquí para allá. De ir donde está la acción, pero eso de acechar no lo llevaba nada bien.

Finalmente apareció una furgoneta blanca, y paró en la cuesta que llevaba a la casa. -Por fin- se dijo. Esperó a que los dos individuos subieran. Uno bajito y con una enorme barriga, y el otro, alto y greñudo, pero también con una prominente barriga.

Al cabo de unos minutos, el bajito bajó a buscar un carrito para hacer más fácil el traslado de la mercancía. Guiñó el ojo, contuvo la respiración y apuntó. Todo ello sin soltar el palillo de la boca.

El retroceso golpeo el hombro y el sonido del silenciador no se hizo ni siquiera presente. Esperó hasta que el alto se percatara de la ausencia de su secuaz y fuese a ayudarle. En el momento que lo sostuvo en sus brazos y se dio cuenta de que habían asesinado a su compinche, su frente se agitó y su nuca se desparramo.

La asesina malhumorada por la espera se apresuró a registrarlos. No llevaban nada de valor, pero se quedó con los DNI y les hizo una foto a cada cadáver. Los cargó en la furgoneta junto al carrito y se la llevó hasta un barranco dos kilómetros más adelante. La arrojó.

Aún tenía dos horas para volver a su puesto y esperar a que su compañero de relevo la llevase a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario