miércoles, 11 de julio de 2012
Misteriosos ojos
Nevaba sin cesar, copos gruesos y lentos pero ninguno de ellos se posaba
sobre el gato. Ese gato no me dejaba ver otra cosa, excepto a él mismo.
Su traje totalmente negro revelaba tonos castaños en los laterales y en
el cuello. Como si una lejía lo hubiese desteñido. Su mirada fija,
quieta y seria no dejaba de acosarme. Era un gato pero su cara parecía
la de una persona. Esa mata de pelo con las patas recogidas y ocultas me
daba miedo, me asustaba, lo sentí de repente. Quería irme, desaparecer,
correr lejos, sin embargo lo primero que quería hacer era dejar de
mirar esos ojos. No podía moverme. Unas sogas invisibles me ataban, el
miedo me inundaba y de pronto vi algo en lo que no había recaído, la
nieve espesa, esa que no tocaba al gato parecía ceniza y todo saltó en
unas llamas abrasantes de fuego. Al fin logre soltarme de esas ataduras,
y caí de espaldas, y todo era normal. Sin embargo ese gato seguía ahí
tan fresco, quieto y tranquilo… Mirándome.
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